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Fecha: 30/06/2026 11:15:05

Categoría: Discapacidad

Discapacidad y enfermedad: lo que muchos todavía no entienden

Hay algo que todavía se repite demasiado: creer que discapacidad y enfermedad son lo mismo. O pensar que toda discapacidad es hereditaria, que “viene de familia” o que necesariamente tiene que existir una explicación genética detrás.
Y no.
No toda discapacidad es heredada. No toda discapacidad es congénita. Muchas veces aparece a lo largo de la vida: por un accidente, una enfermedad, una infección, una situación de violencia o simplemente por circunstancias que nadie elige.
Pero además hay algo que pesa incluso más que la desinformación: la forma en que la sociedad mira y opina sobre nuestras vidas.
Cansa.
Cansa escuchar en la calle a personas que te dicen que si fueras a la iglesia podrías recuperar la vista. Como si la discapacidad fuera algo roto que necesita arreglarse. Como si la fe tuviera que usarse como promesa de “normalidad”.
Cansa que te hagan sentir que ver es la única forma válida de vivir. Que ver automáticamente te haría más feliz.
¿Y quién dijo eso?
La felicidad no depende de tener un cuerpo o una percepción que encaje con lo que otros consideran correcto. La felicidad no pasa por “parecerte” más a lo que la sociedad espera.
También cansa escuchar que una persona con discapacidad no debería ser madre o padre. Que sería irresponsable. Que sus hijos van a cargar con esa responsabilidad. Que van a sufrir.
Como si la discapacidad te quitara la capacidad de amar, cuidar, criar o acompañar.
Como si nuestra vida valiera menos.
Esas palabras no son inocentes. Son prejuicios. Son violencias disfrazadas de opinión. Son límites que otros intentan imponernos sobre lo que podemos ser, hacer o construir.
No toda persona con discapacidad está enferma. Y no toda enfermedad genera una discapacidad. Son conceptos distintos, y entenderlo importa.
Porque cuando confundimos discapacidad con enfermedad, aparece la lástima. Aparece la idea de “cura”. Aparece la necesidad de corregir algo que muchas veces no necesita corrección, sino derechos.
La discapacidad no siempre necesita tratamiento. Muchas veces lo que necesita cambiar es el entorno: la accesibilidad, las oportunidades, la mirada social.
Las personas con discapacidad trabajamos, estudiamos, elegimos, amamos, formamos familias y construimos proyectos de vida. No somos un error que necesita reparación.
La discapacidad forma parte de la diversidad humana. Y entender eso es urgente.
Porque el problema no siempre está en nuestros cuerpos.
Muchas veces está en la forma en que nos miran.

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¡Hasta la próxima!
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Autora: Ayelén Pacheco

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